Transición de Obama: política económica (IV). Más sobre los impuestos.

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Tras la Ley de Hauser, la Curva de Laffer: cómo reaccionan las personas a los impuestos

Terminaba la entrada anterior de esta serie explicando que, dado que la mayoría de los impuestos recaudados en Estados Unidos provienen impuesto sobre la renta de una proporción pequeña de los contribuyentes – los más ricos –, cualquier decisión sobre los impuestos debería considerar cómo reaccionan las personas ante variaciones en los impuestos.

Una de las más conocidas teorías económicas que explican el comportamiento de los individuos ante las variaciones de impuesto es la llamada Curva de Laffer, cuya historia les cuento a partir del Wall Street Journal del 19 de junio de 2005:

Según cuenta la leyenda, la famosa Curva de Laffer famosa fue por primera vez dibujada por el economista Arthur Laffer en 1974 en una servilleta de cóctel durante una pequeña reunión en una comida en el Hotel de Washington a la que asistió el fallecido redactor del Wall Street Journal Robert Bartley y políticos de política de alto nivel tales como Dick Cheney y Donald Rumsfeld. La Curva de Laffer ayudó a lanzar la Revolución de las Reaganomics aquí en Estados Unidos y un frenesí de reducción de tasas impositivas que alrededor del mundo que continúa hasta hoy.

La teoría es realmente uno de los conceptos más simples en la economía. Pero su lógica sigue eludiendo a los grupos de presión a favor de la guerra de clases, cuya incredulidad no se ve disminuida por los ejemplos verídicos múltiples que validan sus conclusiones. La idea consiste en que bajando la tasa impositiva sobre la producción, el trabajo, la inversión y la toma de riesgos se animaran más estas actividades y así a menudo se llegará a recaudar más ingresos fiscales para el gobierno, en vez de menos.

De forma más clara: existe un punto óptimo de carga impositiva que maximiza los ingresos fiscales del estado. Un tipo impositivo del 100%, paraliza la actividad económica y por tanto consigue ingresos 0. Un tipo impositivo del 0% desde luego consigue ingresos 0. Entre estos extremos, la curva de Laffer dice que hay un punto óptimo, y específicamente, que hay un momento a partir del cual mayores incrementos de impuesto no generan mayores ingresos fiscales: los ingresos decrecen a partir de este umbral.

Los críticos de Laffer dicen que no hay evidencias ni pruebas de que esto sea así. Por ejemplo, esto sostiene Lane Kenworthy en su blog, quien además critica a Laffer porque recientemente dice que además de evitar la actividad económica, las altas tasas impositivas incrementan la evasión fiscal, no el en sentido de fraude, sino en el sentido de cambiar a actividades con menos impuestos, cambiar la forma de compensación para evitar pagar impuestos, ….

¿Es cierto que no hay pruebas que demuestren esto? No, no lo es. Hay un estudio que ha analizado estas reacciones. Es un estudio realizado en 2006, en Quebec, en Canadá, por el Centre Interuniversitaire de Recherche en Analyse des Organisations (CIRANO – Centro Interuniversitario de Investigación y Análisis de Organizaciones) ). Sus autores son Louis Levy-Garboua, David Masclet and Claude Montmarquette.

El estudio, que pueden descargarse en PDF aquí, lleva por título “Unas micro-bases para la Curva Laffer”. El estudio se basa en un sencillo experimento: un sujeto B es el trabajador, que puede decidir cuántas tareas desea ejecutar hasta un máximo (26 tareas en un caso, 52 en otro), y otro sujeto A no trabaja y es el receptor de parte de resultado del trabajo del anterior, que; en una versión del experimento, A tiene el poder de fijar el impuesto, es decir, de decidir qué proporción del trabajo de B se va a quedar (12%, 28%, 50%, 79%); en otra versión, el impuesto lo fija aleatoriamente un ordenador. Las conclusiones del estudio son las siguientes:

  • Se observa el fenómeno de la curva de Laffer cuando A fija los tipos impositivos. Es decir, cuando el trabajador B atribuye la decisión sobre sus impuestos a una voluntad consciente –no a un ordenador-, su trabajo se ajusta a la curva de Laffer. La respuesta ante cambios de impuestos se dispara cuando el contribuyente percibe que “alguien” de carne y hueso toma la decisión sobre el impuesto.
  • Además, los trabajadores responden de forma muy fuerte y muy emocional a los tipos impositivos abusivos: los contribuyentes quieren “castigar” a quienes les ponen impuestos cuando violan la norma social de imposición equitativa. Según los autores, esto es consistentes con la historia de las revueltas contra impuestos.
  • Más aún: cuantos mayores son los ingresos potenciales del trabajador (cuanto mayor es el máximo de tareas que pueden realizar), más acusado es el efecto de la curva Laffer. Es decir, los contribuyentes de alta renta son particularmente sensibles a los cambios de impuestos.

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En el gráfico anterior vemos que:

  • Al pasar el tipo impositivo del 50% a 79%, los ingresos fiscales caen. Lo que ocurre es que los sujetos B trabajan menos.
  • La caída es más acusada cuando los sujetos B tienen más “renta potencial”, es decir, cuando pueden llegar a hacer 52 tareas (barras rojas), en vez de 26 (barras azules).

Además, el experimento obtuvo resultados curiosos como que el número de personas que deciden ejecutar el máximo de tareas posibles (26 o 52) decrece según crece el % impositivo, llegando a cero, sí a cero, cuando el tipo llega al 79%. Es decir, al crecer los impuestos, decrece el porcentaje de personas que trabajan hasta su “máximo potencial”.

Alan Reynolds, en un artículo para el Cato Institute en junio de 2006, citaba un estudio de Martin Feldstein, profesor de economía de Harvard, titulado “El Efecto de los Impuestos en la Eficiencia y el Crecimiento”, que pueden descargar aquí. ¿Qué dice Feldstein? Al analizar los impuestos sobre rentas del trabajo, Feldstein parte de la premisa de Que el impacto de cambios de impuestos sobre los ingresos fiscales depende de la elasticidad de la Renta Imponible, o Renta antes de impuesto, respecto de 1 – Tipo Impositivo. Es decir, de cómo se comporta la Renta ante de impuestos ante la expectativa de cómo va ser después de impuesto. En números: hoy trabajo para ganar 1.000. El tipo impositivo es 30%. Me van a quedar 700. Si el tipo impositivo fuese 40%, ¿cuánto trabajaría? ¿Decidiría trabajar menos?

Feldstein hizo estudios a partir de datos del Departamento del Tesoro que trataban de evaluar el resultado de las rebajas de impuestos de 1986, y concluye que la elasticidad (Renta antes de impuestos) vs (1- Tipo impositivo) es prácticamente 1. Es decir, si se rebaja el tipo impositivo desde 40% a 30% (un 10%) se va a incrementar la Renta antes de Impuestos un 16.6% (pasamos de disponer de un 60% de la renta después de impuestos a disponer de un 70%, un incremento del 16.6%. Dado que la Renta  antes de impuestos tiene elasticidad 1, crece un 16.6% también). Por lo que reducir un 10% los impuestos, sigue proporcionando un mayor incremento de ingresos fiscales para el estado, porque la renta antes de impuestos ha crecido.

En el documento citado, Feldstein cuenta varias simulaciones que ha hecho con su equipo, incluyendo una con una elasticidad del 0.4, dan resultados similares: no se pierden ingresos fiscales con las reducciones de impuesto, o bien la pérdida es tan pequeño que probablemente se viese compensada por una mayor actividad económica.

Para finalizar, el propio Laffer escribió en junio de 2004 un estudio analizando los resultados de bajadas de impuestos realizadas por el gobierno de Estados Unidos en varios momentos del siglo XX (las de Harding-Coolidge en 1924, las de Kennedy en 1964, las de Reagan en 1982), que pueden descargar de la Heritage Foundation aquí, que demostraba que estas tres rebajas fiscales tenían las siguientes características comunes, comparando las medias de cuatro años antes y cuatro años después de las rebajas fiscales:

  1. Los ingresos fiscales del estado ajustados por inflación creció en los tres casos después de la reducción
  2. El crecimiento real ajustado por inflación del PIB nacional creció en los tres casos después de la reducción
  3. El paro decreció en dos de los casos, y en el caso de la rebaja de 1982 se mantuvo prácticamente igual, después de la reducción

Merece la pena reproducir aquí dos párrafos del propio Laffer. El primero:

La Curva de Laffer, por cierto, no fue inventada por mí. Por ejemplo, Ibn Khaldun, un filósofo de musulmán del siglo XIV, escribió en su obra  Muqaddimah: "hay que saber que a principios de la dinastía, los impuestos dan unos ingresos grandes a partir de pequeñas cantidades. Al final de dinastía, los impuestos dan pequeños ingresos a partir de grandes cantidades."

Una versión más reciente (de claridad increíble) fue redactada por John Maynard Keynes [sí, el mismo Keynes que tanto citan los estatistas que no han leído a Keynes]:

Cuando, por el contrario, demuestro, un poco detalladamente, como en el capítulo siguiente, que crear riqueza aumentará la renta nacional y que una gran proporción de cualquier aumento de la renta nacional se acumulará en el Tesoro público, entre cuyos gastos más grandes está el pago de ingresos a los desempleados y cuyos ingresos son una proporción de los ingresos de aquellos que tienen trabajo …

Tampoco debería extrañar el argumento de que los impuestos puedan llegar a ser tan altos que echen por tierra su objetivo, y que, considerando el tiempo suficiente para que dé frutos, una reducción de impuestos tendrá más posibilidades de equilibrar el presupuesto que un aumento. Porque tomar el punto de vista opuesto hoy es parecerse a un fabricante que, estando en pérdidas, decide subir los precios, y cuando sus ventas decrecientes aumentan sus pérdidas, envuelto en la rectitud de la aritmética clara, decide que la prudencia requiere que suba los precios todavía más – y quién, cuando por fin su cuenta está cuadrada con un cero en ambos lados, todavía se ve declarando honradamente que bajar el precio cuando ya tenía pérdidas habría sido la acción de jugador.

El segundo:

La Curva de Laffer por sí misma no dice si una reducción de impuestos incrementará o reducirá los ingresos [fiscales]. Las reacciones de los ingresos ante un cambio de tipo impositivo dependerán del régimen fiscal establecido, del período de tiempo considerado, de la facilidad de desplazarse a actividades sumergidas, del nivel de tasas impositivas ya establecidas, del predominio de evasiones fiscales legales y manejables por la contabilidad, y de las tendencias de los factores productivos.

Una conclusión que podemos extraer de estos estudios es que los impuestos indirectos son mejor aceptados que los impuestos directos. Los impuestos directos (que me suban el impuesto de la renta, el impuesto sobre las nóminas, el impuesto sobre las ganancias de capital, …) los percibo como inmediatos, y, si nos referimos al estudio de Levy-Garboua y compañía citados arriba, son “personales”: son contra mí por ser quien soy, no son iguales para todos. Los impuestos indirectos son más parecidos a un impuesto generado aleatoriamente por un ordenador. Los indirectos, me afectan a mí y a todos por igual, y probablemente sea más rara la indignación y “revuelta” por este tipo de impuesto.

Los gobiernos saben perfectamente que los impuestos “despersonalizados” son más aceptados. Por eso les dejo una adivinanza para la siguiente entrada: ¿quién va a pagar y cómo los inmensos gastos en que incurre el presupuesto del Presidente Obama? …




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