El índice de aprobación de Bush 43 al final de su segunda legislatura será recordado por haber sido tan bajo que uno se pregunta cómo pudo ser elegido solamente cuatro años antes. La catástrofe final de su presidencia, a la que no ayudó el retraso en aplicar una estrategia resolutiva en Iraq, hacen olvidar que, como es lógico para ser elegido, hubo momentos en 2004 en que su popularidad era muy alta.
Para ponernos en perspectiva, tomemos algunas de las encuestas de Gallup realizadas durante los dos primeros años del segundo mandato de Bush 43.
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En octubre de 2005, su posición neta era de –15%, con un 41% de aprobación y un 56% de desaprobación.
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En diciembre de 2005, era de –9% (43% de aprobación, 52% de desaprobación)
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En febrero de 2006, –13% (42% frente a 55%)
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En abril de 2006, – 23% (36% frente a 56%)
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En junio de 2006, –15% (40% frente a 55%)
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En septiembre de 2006, –17% (39% frente a 56%)
Es a partir de finales de 2006 cuando los descontentos, hasta entonces entre el 52% y el 56%, comienzan a dispararse. Observen como uno de los peores presidentes, en mi modesta opinión, del siglo XX se mantuvo con una “desaprobación” en torno al 15% durante el segundo año de su mandato. Bush 43, el de la Guerra de Irak y la invasión de Afganistán, el que tenía a Cheney y a Rumsfeld en la Administración, el que recibía diariamente burlas en todo el mundo, el que en la prensa era ridiculizado y presentado como un memo ignorante … ¿Se imaginan que un presidente amado por los medios, vitoreado en todo el mundo, se encontrase a los seis meses con una aprobación ya negativa, en torno al 5%?
Traigo esto a colación porque el Presidente que iba a conseguir que todos tuviésemos unicornios en nuestro jardín está entrando en barrena. La gráfica obtenida a partir de los datos de Rasmussen no dejan lugar a dudas:
Vean: desde la última semana de julio es más frecuente que haya más personas que desaprueban la gestión de Obama que personas que la aprueban. Es decir: ya está en negativos absolutos según esta encuesta. No solo eso: Rasmussen calcula el “Índice de Aprobación” restando de los que Aprueban Mucho aquellos que Desaprueban Mucho. Pues este índice dejó de ser positivo para el Presidente Obama allá por el 30 de junio. Viendo los números en detalle, lo que se observa es que, si bien los que aprueban mucho su gestión varían poquito (entre el 30% y el 35%), los que están muy en desacuerdo han crecido mucho: del 25% al 40%.
Si tienen ustedes ese gusto por las conspiraciones que empaña en ocasiones – cada vez más frecuentes, la verdad – de ese científico que ha cambiado el rigor por la “conciencia” y que se llama Paul Krugman[1], les presento las estadísticas de Gallup, que suele darle a Obama mejores números que Rasmussen:
Efectivamente, según Gallup todavía no hay más descontentos que contentos con Obama. No discrimina entre los que aprueban mucho o desaprueban mucho, pero el dato a observar es que en seis meses se han multiplicado por 4 los descontento. Sí: por cuatro. Los que están a favor han caído en 17 puntos porcentuales, los que están en contra han crecido e 30 puntos porcentuales.
La interpretación es simple: parte de los moderados que han creído en Obama están empezando a pensárselo. Sus votantes más ideológicos, aquellos que ven en él a ese Obamesías que los Evangelios los medios anuncian con voz tonante e incesantemente, siguen fieles a la nueva fe. Los que votaron esperando Cambio y Esperanza, se están dando cuenta ahora de que quienes dicen “Sí, podemos” no son la mayoría de los estadounidenses, sino una minoría bastante extremistas que pretende implantar en el país modelos que se han probado en la práctica desgastados, obsoletos, y faltos de rigor. Y eso los asusta.
Gary McCoy en Townhall.com, describiendo en una viñeta la política de comunicación de la Casa Blanca respecto a los opositores al Plan de Reforma de la Sanidad
Ni las estadísticas del paro, reflejo del fracaso del Plan de Estímulo, ni las quiebras sucesivas de grandes empresas y bancos, ni los presupuestos disparatados, ni las meteduras de pata legislativas con las leyes de la energía, ni, ahora mismo, el lodazal en que se ha convertido la Reforma de la Sanidad, puede presentarlos Obama como éxitos. Son más bien evidencias de los resultados de poner a dirigir el mayor país del mundo a una persona que, como bien se decía en la campaña, está aprendiendo las funciones de su cargo mientras lo desempeña. Como cualquier ciudadano, es más lógico que un estadounidense se preocupe menos por las meteduras de pata y extravagancias de novato de su Presidente en el exterior que de los cambios de dirección y las derivas en asuntos internos. Con la economía hecha pedazos, con un Congreso al que el Presidente subcontrata sin pudor los proyectos legislativos más importantes, y con unas políticas de comunicación basadas en demonizar al adversario como pocas veces se recuerdan en los últimos 30 años, ¿qué esperaban el Presidente y sus partidarios?
Lo peor para Obama es que hay cierto personaje público estadounidense que no ostenta cargo público, que ha desempeñado un notorio papel en la crítica a la reforma sanitaria de Obama, cuyo impacto mediático en los Estados Unidos le permite ser el único oponente a Obama cuyas opiniones se reparten por todo el país, y que se ha apuntado una victoria importante con los errores de la Reforma de la Sanidad … Sí, por supuesto. Se llama Sarah.
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1: El economista Krugman recientemente puso en duda los resultados de una encuesta de Rasmussen sobre el inmenso rechazo al modelo sanitario impuesto por Romney en Massachusetts, cuando era gobernador, de sanidad universal (obligatoria). Desde Rasmussen le respondieron con presteza.







Es cierto que Obama cada día que pasa pierde más popularidad. Por eso precisamente, porque todavía no ha cumplido un año en la Casa Blanca y ya se ha revelado como el máximo rival de Bush 43 a la hora de conseguir el peor índice de popularidad de un presidente en ejercicio, creo que existe una clara posibilidad para Sarah Palin en 2012, una “ventana de oportunidad”. Aún falta para esa fecha, pero Sarah está haciendo lo correcto: trabajar para llegar a esa fecha en las mejores condiciones posibles. Si luego se presenta o no, eso ya es otra cosa (yo creo que ni ella misma lo sabe todavía), pero ahora mismo debe hacer como si estuviera completamente decidida a presentarse. Y Obama, mejor que procure no mojarse porque ya está hecho él un buen azucarillo para empaparse más.
Como ya dije en otro comentario anterior, si tal como está ocurriendo hasta ahora sigue el descenso en la popularidad de Obama, Sarah Palin tiene una clara oportunidad en el 2012. El pueblo americano parece estar despertando de su fascinación irracional ante este personaje, en gran parte creado y llevado en volandas por casi toda la prensa a la presidencia. Pero la cruda realidad de los hechos y sus políticas concretas parece que abre los ojos a mucha gente, el globo se desinfla, afortunadamente. Y Palin tiene tiempo de prepararse para esa fecha, creo que ha hecho bien en dejar Alaska y centrarse en la política nacional. Como la persona más mediática y reconocida del partido republicano, junto a su probada valía y espíritu de trabajo, sería la candidata ideal para batirse con un menguante Obama allá por 2012.
¡Palín 2012!