Sarah Palin tiene mucha más habilidad organizadora que yo, o más tiempo libre que yo, o más colaboradores que yo –el que yo tengo apenas tiene dos años, y colabora en sustraer mi atención de este blog, como es su deber. El caso es que la mujer está escribiendo notas en Facebook a una velocidad que me hace difícil mantenerme al día, y que debe tener a varias personas en la Casa Blanca buscando erratas en los textos como locos para demostrar que es una ignorante que no conoce la gramática más básica.
Mientras tanto, las notas siguen saliendo, y saliendo, y saliendo. Y ayer tocó el turno a una comentando el 20 aniversario de la caída del muro de Berlín.
Parece mentira que haya quienes hoy defiendan todavía a la difunta Unión Soviética. Debe ser porque se recuerda la cara amable de Gorbachov, a quienes muchos atribuyen un papel relevante en el fin del Comunismo Soviético. Y en mi opinión tienen razón. Aunque él no quisiera tal cosa.
En fin, en primer lugar, la nota de Palin traducida por quien les escribe, y con mis habituales negritas:
Conmemorando una victoria de la libertad
Hace veinte años, el último símbolo de la división entre la libertad y la tiranía fue derribado. El Muro de Berlín fue construido con un solo propósito: impedir la huida de alemanes del este a la libertad de Occidente. La fría y gris fachada del muro es un claro recordatorio de la forma de vida económica y política por toda la esfera de influencia de la Unión Soviética en Europa oriental.
Ronald Reagan no dejó de considerar el muro de Berlín como una afrenta a la libertad humana. Cuando tantos otros líderes y creadores de opinión de América habían llegado a aceptar su presencia como inevitable y permanente, Reagan siguió martilleando contra el principio mismo del muro de tiranía humana, hasta que finalmente el muro en sí fue derribado. Su caída no fue obra solo de Reagan. Las acciones de nuestro presidente se unieron a los actos de valentía de muchos individuos que se mantuvieron firmes y unidos para hacer frente a la Unión Soviética. El muro de Berlín cayó porque millones de personas tras el Telón de Acero se negaron a aceptar el destino de esclavitud, y sus partidarios en Occidente se negaron a aceptar que las "naciones cautivas" permanecerían cautivas para siempre.
A pesar de que este largo y trágico episodio en la historia humana se cerró, finalmente, con el colapso de la Unión Soviética en 1991, no supuso el "fin de la historia" o el final del conflicto, como algunos habían esperado. Hoy nos enfrentamos a nuevos conflictos en todo el mundo que exigen coraje y determinación y dedicación a la libertad. Las nuevas democracias y economías de mercado que han surgido en Europa Central y Oriental todavía requieren que nuestra amistad y de alianzas, mientras siguen buscando la seguridad, la prosperidad y la autodeterminación. Pero a medida que reflexionamos sobre los retos presentes y futuros, tomemos un momento para celebrar el aniversario de esta impresionante victoria de la libertad. La caída de esa fría y gris pared de hormigón debe ser una lección de esperanza para nosotros. Nada es inevitable. La tiranía no es rival para la esperanza y la determinación de aquellos que trabajan y luchan por la libertad.
- Sarah Palin
Reconozcan conmigo que en esta nota Palin parece haber desayunado lo mismo que Barack Obama en sus mejores momentos de oratoria.
Rápidas notas
Yo era un adolescente con acné cuando las hirsutas cejas de Brezhnev adornaban las noticias sobre la URSS. Por aquél entonces yo leía libros doctrinarios del estilo del horrendo “Manual del Pacifista”, de Andrew Wilson –resultaba de su lectura que todos los pacificistas vivían en el imperio soviético y que yo, sin saberlo, vivía en un país belicista y aliado de los perversos Estados Unidos.
Y entonces cayeron en mis manos libros que argumentaban con lógica, y no con doctrina. Uno de ellos fue a los pocos años el titulado “El Hombre Nuevo Soviético”, de un para mí desconocido Michel Heller. En él, Heller explicaba los intentos de quebrar la naturaleza humana que el estado soviético había llevado a cabo durante setenta años, y los escasos resultados obtenidos.
Investigando un poco más, me enteré de quién era el tal Heller. Lejos de ser un advenedizo, un reportero de éxito fácil, un periodista en busca de un best-seller, descubrí que se trataba de un profesor de la Sorbona. Nacido en la Unión Soviética en 1922, historiador reconocido en su país con una tesis doctoral de 1946 sobre las relaciones ruso-germanas, fue condenado a un campo de trabajo en 1950, donde permaneció hasta 1956. Casado con una polaca, pudo trasladarse a Polonia, y de allí en 1968 escapó a Francia, donde vivió hasta su fallecimiento en 1997, que motivó sentidos obituarios entre los historiadores y estudiosos de Rusia y la URSS.
Cuando a los pocos años el mismo Heller publicó un libro titulado “El Séptimo Secretario”, un análisis de la carrera de Gorbachov, le dediqué mi tiempo sin esfuerzo. Y en él Heller me ofreció argumentos de sobra para la que hoy es mi opinión: Gorbachov no contribuyó a la caída del Comunismo voluntariamente. Lo que buscaba era una Unión Soviética más fuerte, y un sistema soviético más eficiente, y no más libre. En una entrevista en 1991 sobre el golpe del 8 de diciembre, Heller resumía su razonamiento:
La perestroika de Gorbachov estaba condenada al fracaso: sólo pretendía mejorar el rendimiento del sistema para mantenerlo. Por tres razones, este proceso no tenía ninguna posibilidad.
En primer lugar, porque el sistema no se reforma. De hecho, este tipo de sistema rígido funciona hasta que se trata de mejorar. Consideremos una comparación. Antes de la perestroika, el sistema se parecía a un dinosaurio. Mikhail Gorbachev quería hacer un centauro. Pero aunque el dinosaurio era ya pasado, no obstante existía. Y sin embargo nunca un centauro ha pisado el suelo de la tierra. Porque el Centauro es un mito, al igual que un sistema soviético mejorado.
En segundo lugar, el señor Gorbachov nunca ha tenido el coraje de seguir una política coherente durante un año. Cada tres meses, cambió de dirección.
En tercer lugar, la estrategia de poder ha desencadenado un movimiento inesperado. Esto ha llevado a la explosión de un sistema condenado por su rigidez. Resultado: la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas dejó de existir. La República de Rusia ahora pretende sustituir el centro de la Unión.
Tradicionalmente, Occidente no entiende lo que está sucediendo en este país. Los occidentales no saben qué hacer. … No tendría ningún sentido, es cierto, proporcionar ayuda masiva a un sistema que se derrumba. Por otra parte, no hay ninguna razón para ayudar al sistema soviético a salvarse. Esta política occidental falta de imaginación es quizás la mejor. De hecho, es el pueblo ruso el que muestra él mismo lo que quiere y lo que puede.
Para completar esta entrada, les recomiendo que relean el famoso discurso de Ronald Reagan ante la puerta de Brandemburgo el 12 de junio de 1987, y esta entrada en el blog Top of The Ticket del Los Angeles Times, que nos recuerda cómo la famosa frase “¡Derribe este muro!” causó quebraderos de cabeza al Departamento de Estado, que no estaba muy contento con la osadía del Presidente.
En fin, que 20 años después me pregunto cuántos consideran como Palin que fue Reagan el que echó el pulso definitivo a un sistema intrínsecamente perverso que rechazaba que los seres humanos son … pues eso, humanos.






OFF TOPIC:
¿NO ha comentado nada Palin sobre el voto ajustadísimo del congreso sobre la ley de Obama? ¿Qué opinión le ha merecido la propuesta de Bart Stupak?
Acertado discurso de Sarah Palin sobre el aniversario de la caida del muro de Berlín. El muro montado por los comunistas para encerrar con él a todo el pueblo que tenía esclavizado en su infierno comunista. Me niego a llamarle paraiso ni siquiera irónicamente. Y no podía faltar la alusión a R.Reagan como la persona que hizo posible con su política de firmeza, junto con alguna otra y muchas anónimas, este milagro del hundimiento de la URSS.
Y estoy de acuerdo en que Gorbachov no quería ir contra el comunismo. Sólo quería reformarlo en su apariencia, darle un rostro algo más humano, y le salió mal. Al menos debemos agradecerle que no hiciera uso de la fuerza militar para reprimir una vez más al pueblo, como por ejemplo hicieron los chinos poco antes. Fue demasiado lejos en su rostro amable para después dar marcha atrás y no pudo hacerlo. Pecó de ingenuo y eso fue una inmensa suerte para la causa de la libertad.